jueves, 25 de agosto de 2016

Quinta Azul


   Parece que el día de hoy da de si para un abandono mas. El gps nos lleva a una de esas pequeñas poblaciones portuguesas que suelen estar tranquilas y de repente aparecen multitud de personas. Encontramos la quinta, con todos los indicativos que te dicen que un lugar esta abandonado y que no va a poder ser posible entrar sin ser vistos.


   -Chicos me da que no vamos a poder entrar.
   -Tranquilo, da la vuelta y sube por esa calle...

   Y una vez mas mis compañeros, que ya van un paso por delante de mi negatividad me muestran que siempre hay una entrada. Al principio costó y hubo que dar varias vueltas, esquivar a ruidosos delatores y arañarse un poco las piernas, para darnos cuenta que esta incursión era mas que sencilla.




   Se trata de una preciosa quinta de mediados de siglo con bastante mobiliario y no muy transitada.
   Parece que esta bien cerrada pero por suerte hay un barrote roto en una de las ventanas. Aun así para colarse, hace falta un toque de contorsionismo que casi no esta a mi alcance pero finalmente entro y consigo descolgarme hasta una mesa y posteriormente el suelo. Recojo las mochilas y trípodes de mis compañeros, a los que no les cuesta pasar por la susodicha abertura y con las linternas en la mano comenzamos a abrirnos paso hacia el interior de la vivienda.
   No hace falta ser muy observador para darse cuenta del aire señorial que nos rodea, en total decadencia eso si. Los antiguos propietarios de la vivienda eran sin duda gente acomodada y con cierta pasión por lo religioso, mas de lo normal.


   Desde el recibidor y con cautela de no ser vistos a través de las ventanas vamos descubriendo poco a poco las grandes habitaciones que conforman la vivienda, conectadas entre si por un pasillo que da la vuelta a toda la casa. Es en la parte que da a la calle donde se encuentra sin duda las mejores estancias como por ejemplo esta especie de salón de baile con techo de madera tallada y parquet dispuesto en forma geométrica.





   Una contradictoria suerte esta de mi parte. Hace apenas una hora afirmaba lo raro que es encontrar una de esas antiguas cajas fuertes en un abandono y ahora tengo otra delante. Me encanta cuando sucede eso.


   Seguimos recorriendo los salones interconectados, en este caso son tres contando con el de baile. No faltan los detalles en madera, las cenefas pintadas ni el remanente mobiliario hasta llegar de nuevo a la sala central que une los pasillos. Aquí lo que mas llama la atención es una especie de armario que presumo contendría un pequeño retablo con su correspondiente cruz o santo para el rezo mas o menos privado.



   En el extremo opuesto de las azuladas estancias y habitaciones encontramos una despensa donde el color predominante es ese azul verdoso que antaño tanto se usaba en los muebles de cocina. Un poco mas adelante, si mal no recuerdo estaba este gran comedor para el que hubo que abrir una de las ventanas para fotografiarlo y posteriormente volver a cerrarla.




   También hay una primera planta sobre todo con dormitorios y un desván. Es la parte en peor estado de la casa, aun así conserva muchos detalles, aunque ya se nos hace de noche y no gastamos mucho tiempo en fotografiar todo lo que quisiéramos.



   También aproveche para colgarme una pequeña mini cámara que me regalaron por mi cumpleaños y recorrer dando un paseo la vivienda. No es gran cosa pero en el vídeo se puede apreciar el tamaño completo del primer piso.




miércoles, 27 de julio de 2016

Villa de los muebles


   Un olvido a medias. Es la mejor manera de calificar esta quinta que concentra toda su esencia en apenas tres habitaciones. El por que definirla así es muy simple pues, pese a estar en completo abandono hay indicios de que fuera patrimonio de la localidad donde se encuentra, pero no esta cuidada, la mitad de la vivienda sufrió los estragos de un incendio y en la otra mitad se puede apreciar que hace ya mucho se comenzó una reforma que no llego a concluirse. Todo el antiguo mobiliario se encuentra apilado y es esa antigüedad lo que hace interesante tomar algunas fotos.




   Nos parece bastante curioso que el lugar no haya sido saqueado por que entrar en el es sencillo hasta para un niño. Me ahorrare los detalles para evitar pistas, pero si que quiero contar que nosotros no pudimos usar esa entrada fácil ya que, precisamente varios niños se encontraban a pocos metros allí jugando. Un paseo buscando la retaguardia de la villa nos sitúa en un muro bajo, mas allá, solo vegetación salvaje pero por orientación sabemos que debería comunicar con la parte trasera. Y así fue, después de un buen rato apartando zarzas y ortigas y tanteando el terreno para no pisar en falso llegamos a la parte trasera del jardín de la quinta, con varias entradas abiertas.
   Localizamos la única parte en buen estado y una puerta atada con una cuerda.


   La primera impresión es de decepción pues solo encontramos una habitación vacía a medio rehabilitar, ladrillo moderno y mucho desorden, pero pronto encontramos los muebles que nos dejan claro que esta fue una casa de gente importante.




   No hay mucho mas que contar sobre este lugar. Tan solo quedan sus muebles como muestra del pasado ya que el edificio como he dicho antes esta a medio reformar y la mayor parte de este en ruinas.
   Sin duda el mayor atractivo para mi son sus sillones tapizados, el piano, que nunca falta en los salones de las grandes familias portuguesas y sobre todo la caja fuerte, un tanto demacrada pero que muy pocas veces encuentras una como esa, aun que no sera la ultima que veremos en estos días. Resulta siempre curioso revisar los libros, algunos con mas de un siglo de antigüedad, ahora apilados todos juntos sin orden y cogiendo moho. Los retratos y documentos como cartas o tarjetas de visita dan una idea de quienes vivían allí y cuando se fueron.



   Todo lo que hemos tocado lo dejamos en su sitio. Salimos y volvemos a bloquear la puerta de nuevo para irnos de allí no sin antes dar una vuelta por el patio y comprobar que efectivamente la familia tenia su propia heráldica tallada en la fachada principal de la vivienda. Esta vez si que escogemos el camino fácil para salir ya que ahora no hay niños en la calle. Montamos en el coche y nos ponemos en camino para intentar ver otra preciosa quinta antes de que anochezca.