viernes, 1 de julio de 2016

Anocheciendo en el Secessión

                                           Las apariencias engañan...


   En pleno road trip por Francia y aprovechando una visita a París decidimos acercarnos al que ha sido el abandono de moda en Europa estos últimos meses. Sera el único abandono que visitemos por que en este viaje no vamos a hacer urbex, pero si que tenia cierta ilusión por conocer de cerca el lugar que tanto revuelo ha suscitado en el mundillo, por que nunca he visitado ningún abandono francés y también por que es de las pocas incursiones que hago junto a mi pareja Sole.



   Con un poco de tiempo libre y la cantidad de publicaciones sobre esta pequeña mansión no se tarda demasiado en localizar el lugar y su historia, de hecho me pareció divertido tan solo usar el Paint de Windows en una imagen descargada y un buscador para dar de pleno con el lugar exacto. También viendo algunos vídeos de youtube y con la ayuda del compañero Roberto que estuvo un mes antes que yo, me permito desde casa trazar una entrada sencilla, fácil y rápida. Con esto no quiero presumir de ser bueno localizando sitios, si no todo lo contrario, quiero dejar patente lo expuesto que esta el lugar y la cantidad de pistas que se pueden encontrar en fotos de la red. Un tema ya recurrente.



   La primera vez que vi fotos del interior del edificio quede impresionado pero no indague apenas. Mas tarde fue nuestro amigo Alberto quien vuelve a despertar mi interés y me pone al corriente del lugar y de su rápido deterioro debido, al común error de dar a cualquiera la localización del lugar y a las quedadas masivas donde no todos los visitantes son exploradores urbanos. Siguiendo reportajes en Internet se aprecia como cambia el interior del lugar en pocos meses, como por ejemplo objetos movidos y sobre todo desaparecidos por aquellos que van a curiosear y se llevan "algún recuerdo".



   Hemos cogido un buen atasco saliendo de Paris y por ello no alcanzamos nuestro destino hasta casi las nueve de la tarde. A sabiendas que la luz se nos va a ir a pesar de estar casi en el mes de Mayo, aparcamos en un camino y buscamos el acceso fácil del que he hablado.Tan solo queda cruzar el pequeño bosque que rodea el edificio con la simpleza de seguir las trilladas sendas que han abierto otros antes. La puerta esta cerrada con un candado de moto y la ventana que se supone va a ser la entrada esta atascada desde dentro. Me arrastro en solitario bajo una pared a medio derrumbar del ala izquierda del edificio y doy con la bodega, que no tiene acceso al interior del inmueble. Me arrepiento por partida doble al percatarme del riesgo que he corrido para nada y de no haberme llevado la cámara ya que nadie, que yo sepa ha fotografiado esa zona de la mansión.



   Dejando a un lado la frustración y con mas calma probamos a forzar una hoja de las contraventanas del dormitorio. Una de ellas esta tan oxidada y podrida que a pesar de no tener espacio para moverse se doble en sentido contrario, lo que me permite doblar una hoja mas y abrir finalmente un acceso que como comprobé después no fui el primero en abrir. El reloj de una iglesia cercana toca las nueve y media pero ya estoy dentro. Mi chica decide no entrar y esperarme fuera. Las linternas son obligatorias ya que las ventanas están bien cerradas y la luz es escasa. Decido que voy a hacer unas fotos y volver mañana.
Nada mas lejos.



    He visto tantas imágenes de este lugar que me parece haber estado antes. Encuentro lo primero de todo el dormitorio principal y su impresionante librería, ahora revuelta y medio vacía. Desde aquí se puede apreciar que también el ala derecha de la vivienda esta derrumbada y no tengo ningún interés en asomarme demasiado ahí. Con la luz del frontal de mi cabeza me ayudo para enfocar y con la linterna pinto poco a poco la escena con luz. A pesar del escaso parecido que guarda de como era su estado unos meses antes el lugar cautiva bastante.

El caballero, el futbolin y el teclado.


   Del dormitorio paso al recibidor. Este es el que le da nombre al lugar. Su anterior propietario aquí montó una especie de memorial sobre guerras y procesos de secesión, un curioso homenaje que incluía cuadros de personajes relativos a estos procesos, unas vistosas banderas ahora desaparecidas casi todas y como guinda del pastel un cañón. Un cañón que me moría por ver de cerca y que al verlo fue cuando la magia se empezó a desvanecer... Que os puedo decir, el soporte de este es autentico pero la pieza de artillería no es mas que un tubo de hierro que poco tiene que ver con un arma bélica. Los cuadros en su mayoría son pinturas totalmente amateur que aportan ese aire imponente y señorial a la sala hasta que las miras de cerca. Por ultimo la única bandera que queda, la de la marina británica, lejos de ser una reliquia de 1800 tan solo son dos pedazos de tela cosidos a parte.




   Que me disculpen nuestros lectores si sueno como un crítico rancio, pero ya sabéis que me gusta describir las sensaciones vividas en cada incursión.
   Ahora empiezan los anacronismos. Imaginad a pesar de todo lo citado en el párrafo anterior, en la misma sala encontramos un fresco de un caballero medieval en una pared y debajo un futbolín y un teclado eléctrico. Incongruente ¿Verdad?
   Pasamos a la siguiente estancia, mucho mas sosegada y con chimenea, forrada en su mayor parte de madera pintada de amarillo y con una gran mesa de billar en el centro. El único mueble de la estancia esta vacío y sobre el descansa una maltrecha maqueta de un barco.
   Hora de subir al segundo piso. Tanto en las escaleras como las ventanas arriba están abiertas y se pueden tomar alguna foto con luz natural. O no.

   Lo primero que encuentro es un fresco en la pared izquierda bastante desmejorado por la humedad y mas al fondo del pasillo lo que parece un elegante piano de madera tallada, algo que como observareis es mentira. Tan solo se trata de otro teclado electrónico y algo de marquetería. En este piso las habitaciones no tienen ningún interés salvo la central que cuenta con otra gran cama tapizada muy similar a la de las estancia de abajo. Aquí me doy cuenta también del papel pintado de las paredes que imita la tela. Esta por toda la casa en amarillo, magenta y azul.



   La tercera planta esta vacía de muebles pero repleta de barreños llenos de agua que contienen a duras penas las goteras para que no se filtren a las plantas inferiores. A pesar de que el ala derecha esta derrumbada una escalera de caracol si que resiste y permite bajar de nuevo al segundo piso.
   Esperaba algo mas de un chateau de mas de 250 años y con una gran historia familiar, que sobrevivió a los nazis en la segunda guerra mundial. Pero la culpa creo que es mía por crear tantas expectativas e idealizar tanto esta incursión, por que reportajes fotográficos del lugar hay cientos, pero que hablen de lo que es, casi ninguno.



   Ni que decir tiene que mi interés por volver al día siguiente ha desaparecido, creo que ya esta todo visto y aunque me gustaría explorar mas a fondo y hacer algunas fotos de detalles con luz natural prefiero no perder tiempo y seguir disfrutando de las maravillas del país galo junto a mi pareja, que ya lleva un buen rato esperándome fuera y ahora es completamente de noche.



   Repito algunas tomas mas y me preparo para salir. No suelo pero, me doy permiso a mi mismo para hacerme una auto foto junto al "cañón" pues se lo prometí a un amigo y finalmente salgo del edificio dejando cerrada lo mejor posible la ventana por la que he entrado.
   A pesar de lo dicho he de reconocer que he disfrutado mucho la visita, aunque lo que encontraba mientras exploraba el lugar no fuese lo esperado, es mejor eso que no tener nada que explorar ni comentar.


   Ya solo queda volver a atravesar el bosquecillo de la finca, que ahora de noche da cierto respeto, encontrar la salida y ponernos en marcha hasta nuestro próximo destino. ¡Hasta la próxima!

miércoles, 22 de junio de 2016

Reflexiones en ruta.


   Al igual que no todo el monte es orégano ni oro todo lo que reluce, en nuestros viajes en busca de nuevos lugares abandonados es lo mismo, refranes a parte.
   Esta pasada quedada de dos días en Portugal no podemos medirlo por la cantidad de reportajes y sitios geniales que se publican después, si no mas bien por el conjunto de experiencias. Experiencias y crónicas que si no van acompañadas de unas cuantas fotos no las veréis en el blog, pero que entre nosotros nunca olvidamos y que en este post quiero dejar constancia de ellas y de los múltiples matices que conlleva cada exploración sin ello implique publicar un montón de fotos con una crónica.





   Empezar nuestra quedada junto a la emblemática mansión que veis en las fotos, no puede ser la manera mas perfecta. De hecho nos tomamos un café en una terraza apenas a cien metros de la vivienda mientras esperamos a nuestros compañeros para volver a visitarla. La sensación no puede ser mas familiar.




      La familiaridad se torna en decepción viendo el nuevo estado del lugar. El tiempo se ha cobrado su precio, las goteras en la estructura de madera también, pero lo peor es el paso de las personas por aquí y en parte todos nos sentimos responsables de ello.



   Lo doloroso siempre de volver a un lugar que ya exploraste es ver su degradación con el tiempo. A veces el tiempo es el menos culpable y el vandalismo o la estupidez en forma de curiosidad se cobran poco a poco la esencia de este icónico lugar.



   No entiendo el miserable pensamiento que empuja a destrozar a golpes el teclado de un piano, un piano del que presumo tener una melodía grabada tocada allí mismo en nuestra primera visita, a recopilar libros y partituras de principios de siglo y quemarlas en una chimenea, arrancar el papel de las paredes, destrozar muebles o simplemente plasmar una ridícula firma con espray dentro de una vivienda.


   Llama la atención como algunas personas, exploradores presumiblemente, han recolocado el poco mobiliario sano en dos o tres habitaciones, puede que pensando en hacer alguna foto decente con lo que quedaba dentro. -Esto es muy de los belgas- comenta un compañero, pero la verdad es que el recuerdo original de la mansión es insustituible.



   No todo son recuerdos de grandes lugares y aunque visitamos muchos y muy buenos tampoco hacemos ascos a sitios mas modestos. Por ejemplo una pequeña villa campestre donde el tiempo parecía haberse detenido. No tiene grandes salones ni lujosos muebles pero si un encanto especial que nosotros apreciamos mucho. Los grandes planos del espacio abandonado me resultan inocuos y es en los pequeños detalles donde se aprecia ese decadente encanto.







   A veces lo que promete un lugar es algo completamente distinto a lo que encontramos.
   Una gigantesca villa perdida con un gran jardín ahora salvaje vaticinan una buena experiencia si consigues entrar. En este caso no. Después de muchas vueltas y encontrar una puerta atascada con piedras lo que hayamos en una vivienda de aspecto antiguo, desde luego, pero repleta de cajas llenas de objetos de todas las épocas. Aunque no este en uso, simplemente la familia o familias propietarias la usan de almacén y no se puede considerar abandonada. Curiosear un rato no va a hacer daño a nadie, pero lo mejor es hacer un par de fotos o ninguna, volver a cerrar y seguir nuestro camino. Y así lo hicimos.





   Cuando se trata de visitar ruinas considero que cargar con una cámara esta de mas. Generalmente tus propios ojos revelaran mejores deducciones en una exploración que las fotos que hagas. De hecho las pocas que tengo aquí las hice con mi teléfono según iba recorriendo el lugar. ¡Y que lugar!, no faltaron las sorpresas.
   Cruzando unas viñas encontramos algún tipo de complejo religioso consistente en una capilla, una especie monasterio unido a las ruinas de otro mas antiguo y un gran torreón de varios siglos de antigüedad.
   Recorrer cada rincón con la calma que se respira es un pequeño placer. Vamos recopilando información con lo que vemos que mas tarde contrastaremos en casa buscando en Internet. Aprovechamos para tomarnos un pequeño descanso ahora que la lluvia lo permite y hacernos algunas fotos de grupo.



   La sorpresa aparece dentro de la pequeña capilla, totalmente vacía pero en el suelo encontramos una gran losa con inscripciones y aspecto de haber sido levantada para trasladar el  cuerpo que descansara allí, que debió ser alguien importante. Yo no he reparado en ello, pero lo que creía que era una especie de pila bautismal dentro de uno de los muros resulta ser un osario que aun contiene huesos humanos. La impresión es general y ademas hay un segundo que también contiene algunos restos mortales mas.





    Finalmente, y como nos sucede en muchos casos encontramos viviendas en buen estado pero revueltas y desvalijadas por completo y aunque no se trata de encontrar inspiración, si que se te quitan las ganas de fotografiarlas. En este ultimo caso la casa estaba casi intacta la primera vez que nuestros amigos la visitaron y ahora apenas se podía caminar por estar repleta de objetos esparcidos por el suelo. Para bien o para mal esto te permite centrarte en los detalles y encontrar pistas sobre la gente que vivió aquí. Incluso para nuestros compañeros este caos les permitió descubrir nuevos enfoques para sus fotos. Mención a parte para esos vehículos abandonados que descubrimos allí dentro.





   Como reflexión final de esta miscelanea apuntar que tal vez, la prueba y el error o el acierto y el fracaso sean la clave para disfrutar con mas intensidad cada buena experiencia y con ello, recordar y valorar las incursiones que salen bien junto a los compañeros que, al igual que tu, no les importa el resultado, si no lo vivido. Gracias a todos vosotros, David, Alberto, Jordi, Nira, Alberto G y Adolfo.