domingo, 1 de enero de 2017

Doctor Anna

   Parece ser que llegamos tarde una vez mas y lo que fue un edificio abandonado, ahora esta siendo rehabilitado, por no mencionar que este lugar era el punto mas alejado de nuestra ruta por Alemania. No será ni la primera ni la ultima vez que nos suceda algo como esto y aunque siempre contamos con estas eventualidades, esta vez nos rompe los planes. O tal vez no.


      Olvidando la frustración inicial y como manera de estirar las piernas un poco tras el trayecto, decidimos ver de cerca las obras de lo que fuera una antigua clínica medica de los años setenta. Pero al acercarnos nos damos cuenta del feliz error. Junto a la casa en restauración se encuentra otra vivienda de la que no nos habíamos percatado y parece ser que esta en un avanzado estado de abandono. ¿Puede ser lo que estamos buscando? Efectivamente.
   Un vistazo rápido por un lateral del edificio revela una ventana abierta por la que entro sin pensarlo y me lleva directamente a una de las salas medicas que ya conocíamos por fotos de otros exploradores. Cuando trato de salir para avisar a mis compañeros me encuentro con un camión cisterna descargando en el callejón por el que he entrado a la clínica.

   Paciencia.
   Aviso a mis compañeros por teléfono de la situación y del acceso. Mientras, voy explorando la planta baja, que es la zona medica. Un pequeño quirófano, sala de consultas, laboratorio y sala de espera entre otras. No hay mucha luz en esta planta y en las habitaciones con ventanas corremos el riesgo de ser vistos por los obreros que trabajan en la casa de al lado.





   Continuo explorando las demás plantas. Tres si mal no recuerdo. Pese a estar todo revuelto y algunas partes en ruinas el lugar aun tiene mucho encanto y el hecho de tener aun la mayoría del mobiliario medico le añade bastante interés.
   En la primera planta, como no podía ser de otra manera encuentro el típico salón con piano y otras habitaciones bastante desmejoradas pero con detalles curiosos que fotografiar como una biblioteca.  Desde una de las ventanas veo como el camión y su conductor terminan su trabajo y se van. Es hora de llamar a mis compañeros para que entren y traigan mi equipo de fotografía.




   La segunda planta tiene el dormitorio principal que ya cuenta con los estragos del vandalismo, a parte de otras habitaciones mas, un gran baño y terraza. Desde la escalera principal y a través de un pasillo se puede ir accediendo a las distintas salas, algunas sumamente revueltas y otras, sobre todo las del fondo, prácticamente intransitables por ruinosas.




   No se muy bien de donde le viene al lugar el nombre de Doctor Anna y pocos exploradores escriben sobre el lugar. Buscando entre los centenares de documentos esparcidos por el suelo aparecían los nombres de al menos dos doctores que probablemente fueran la pareja que vivía en la casa con su familia. Uno de ellos incluso aparecía en una foto en la sala de espera de la planta baja. La mayoría estaban fechados en los años ochenta y noventa aunque he leído que la clínica empezó a funcionar muchos años antes.



   Como la ultima planta no ofrecía nada interesante, excepto algunos objetos antiguos diseminados por las habitaciones, decido volver a la planta baja, al laboratorio en busca de unos frascos en formol que presuntamente contenían algunas curiosidades medicas. La realidad es que los frascos han desaparecido y los que se conservan o están vacíos o su contenido esta echado a perder. Como curiosidad, junto al laboratorio había un pequeño almacén con frascos nuevos y líquidos, para probablemente para hacer esos preparados conservantes.










   Ya esta casi todo visto y mientras mis compañeros terminan de hacer sus fotos aprovecho para curiosear algunos documentos mas, sobre todos libros que en su mayoría son de temática medica, claro, pero también encuentro novelas y poesía. Encuentro varios tocadiscos y vinilos repartidos por la casa y sobre todo instrumental medico el cual evito tocar. Echo de menos encontrar la típica máquina antigua de rayos X.



  
   Parece que tras el susto inicial de pensar que el lugar ya no existía por estar siendo rehabilitado al final hemos tenido un buen par de horas de exploración y fotografía en este clásico del urbex alemán. Tan solo nos queda comer algo y volver a ponernos en marcha.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Waterfall hotel


   Se trata de un pequeño albergue de montaña para jóvenes de la RDA abandonado hará unos 25 años, probablemente tras su disolución o como pudimos comprobar por que el edificio se incendió.
 
   Aunque no nos gusta mucho la idea tenemos que aparcar casi obligatoriamente en la mismísima entrada principal, que se encuentra totalmente cerrada, pero no es un gran problema ya que, gracias a nuestro propio coche podemos taparnos de las miradas indiscretas y deslizarnos por un agujero que encontramos en un cobertizo junto al edificio.



   Una vez dentro del recinto somo prácticamente invisibles. Estamos a dos metros por debajo del nivel de la carretera y una espesa vegetación nos cubre. No tardamos en encontrar una ventana abierta o como mas tarde descubrimos, una gran puerta que llevaba directamente a la parte de las habitaciones.



   Una vez dentro nos encontramos con un edificio muy solido pero repleto de filtraciones y goteras, en algunas zonas parece como si de una cascada se tratara. Los muros están en buen estado, pero los recubrimientos de madera y aislantes están totalmente colgando o caídos en el suelo, si a esto le sumamos lo estragos de un incendio nos da un escenario decadente, húmedo y oscuro con pinceladas verdosas de musgo y moho. Nada mal.




   Me separo de mis compañeros y comienzo a explorar la zona de los dormitorios. Como es habitual en este tipo de lugares cada habitación cuenta con una o dos literas, una lavabo, un pequeño armario e incluso un escritorio. La mayoría de estas son transitables, algunas están muy echadas a perder por el fuego o simplemente cae tanto agua del techo que prefiero no entrar.









   Esparcidos por este siniestro escenario encuentro gran cantidad de material deportivo, como trineos de madera, esquíes y botas de esquiar. Como ya he dicho el lugar se encuentra en una preciosa zona de montaña.
   Conectados por un pasillo con paredes de vidrio se comunican la zona de dormitorios y las salas comunes, las cuales por cierto tampoco se libran de goteras.
   Me gusto mucho encontrar en una de las paredes del pasillo un tablón con recortes de periódico que hablaban de actividades deportivas llevadas a cabo por la gente del albergue, así como algunos textos y fotos de la época que nos ponen al corriente del día a día del lugar y nos dan pistan sobre la fecha en que se cerró.


   En esta nueva zona, en la que me encuentro con mis compañeros lo mas destacable, a parte de la cocina es sin duda alguna el salón comedor. Totalmente dejado en manos del agua y la humedad el escenario no puede ser mas decadente.




   Algunas sillas se encuentran aun colocadas aparentemente en su sitio y nos resulta cuanto menos curioso encontrar postales entre las cuales aparece una foto antigua de ese mismo salón con todas sus mesas y lamparas. Lamparas que por cierto, como pudimos comprobar al ver los cables cortados habían sido robadas en su mayoría.






   La cocina y la recepción se encuentran totalmente revueltas y no ofrecen fotos demasiado llamativas, pero si que llama la atención los botes de conserva fechados en la década de los 90. El piso superior donde se presupone que vivían los dueños del albergue esta totalmente quemado y aunque desde fuera no se podía apreciar esta planta se encuentra en un estado completamente ruinoso.





   Hasta aquí nuestra visita. Este tan solo ha sido uno de los lugares que visitamos en nuestro ultimo viaje a Alemania y aunque no sigo ningún orden cronológico, si que espero poder poner todo lo que vimos por allí.