miércoles, 1 de junio de 2016

Villa Renault.

                                             Portugal es la nueva Bélgica...
   Últimamente en el mundillo se oye mucho esta frase, pero viendo la cantidad de lugares que hay en el país luso y viviendas como las que os muestro hoy, esa afirmación cobra mucho sentido.


   Pocas, muy pocas veces considero que en una incursión se reúnen las condiciones perfectas de luz y tranquilidad para cuidar las fotografías sin dejar de lado la exploración. Pues este es uno de esos lugares y momentos que en se puede hacer y con el día nublado ayuda bastante. Con esto no quiero decir que las fotos sean geniales claro, pero si que mas cuidadas de lo que normalmente hacemos.
   Como dije en la entrada anterior, teníamos que volver pronto a España y queríamos hacer una parada en un conocido cementerio de locomotoras, pero la lluvia nos quito la idea. Nuestros compañeros que se volvieron la noche anterior nos prestaron una hoja con algunas localizaciones cercanas para ver y que ellos previamente visitaron días antes, pero esta en concreto nos la recomendaron por su belleza.   Esta vez solo seremos Adolfo y yo e iremos temprano para evitar problemas.







   Sin duda la suerte esta de nuestra parte ya que la villa se encuentra rodeada de viviendas habitadas pero no había nadie en la calle en ese instante. Un montículo de tierra franquea una parte de los muros, así que no hay que saltar, solo subir y bajar andando dicho montículo y ya estamos dentro del patio. Encontramos un viejo Renault 4 destartalado oculto bajo un cobertizo en ruinas y un acceso fácil, que con apenas arrastrarse un poco nos permite entrar sin problemas.


   Casualidades de la vida, en ese instante empieza a aparecer gente en la calle, unas señoras hablando, los paisanos preparando sus tractores y una jauría de perros montando escándalo. Los observamos nerviosos por la ventanas, creemos que nos han descubierto pero la realidad es que ninguno nos ha visto.


   Adolfo y yo nos damos la mano satisfechos por estar dentro. Poco a poco recorremos esta preciosa villa cámara en mano, siempre con cuidado de no pararnos frente a las ventanas y vigilando de cuando en cuando lo que sucede fuera.


   Sin duda el recibidor es uno de los puntos fuertes del lugar. El diseño del techo, las puertas de madera tallada y los frescos de las paredes son algo poco común en las viviendas portuguesas. El comedor no se queda atrás en cuanto a encanto, comparte frescos de la misma temática que el recibidor pero el techo en este caso es lo que mas llama la atención por su colorido azul combinado con dibujos de aves y molduras de madera.



   Como toda buena villa de la zona esta también cuenta con una bodega, en esta caso algo mas modesta de lo que preveíamos. La cocina es un clásico de este tipo de lugares. Como siempre compuesta por una enorme campana de ladrillo y debajo los fogones, de leña, por supuesto.



   En el piso de arriba nos encontramos las habitaciones, hasta un total de cuatro si mal no recuerdo. Se encuentran impolutas, no hay nada revuelto ni roto. Las camas son de corte antiguo, alguna incluso con cabecero de forja y en los muebles y paredes hay fotos y recuerdos de la familia que una vez vivió allí.






   También encontramos este salón casi vacío pero con las ya recurrentes flores de plástico que siempre adornan las villas portuguesas. El colorido y las molduras con remates dorados del techo le confieren cierto aire señorial.






   También hay tiempo para cambiar los objetivos y hacer alguna fotografiar de detalles. La calma que se respira incita a ello. La villa como veis esta en perfectas condiciones, exceptuando quizás algunas partes de madera que tienen carcoma. Tan solo el polvo, algunas telarañas y el barro que dejan nuestras huellas y los que entraron antes que nosotros ensucian el lugar.






   Ahora tenemos un problema: volver a salir a la calle, alcanzar el coche y largarnos sin ser vistos, pero una vez mas la paciencia y la casualidad juegan a nuestro favor. Mientras recogemos el equipo, nos hacemos un par de fotos en el salón y preparo un cigarro, como por arte de magia la calle queda desierta otra vez. Desde el patio observamos con cuidado que nadie nos vea antes de salir y rápidamente estamos fuera y caminando hacia el coche.




   De nuevo nos despedimos de Portugal con buen sabor de boca. Ha sido muy corto el viaje pero después de tanto tiempo sin hacer urbex esta escapada nos sienta genial. Echamos un ultimo vistazo a la fachada de la vivienda, que por cierto es preciosa. Me pregunto si sabrán cuan expuesta a los curiosos esta la vivienda y esperamos que se mantenga en tan buen estado por mucho tiempo.

2 comentarios:

  1. Un lugar maravilloso, cuanto me hubiera gustado entrar con vosotros, por eso aprecio tanto vuestros magníficos reportajes. Gracias

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  2. Buen reportaje muy buenas fotos un saludo.

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